Cajal se instala en Barcelona como nuevo Catedrático de Anatomía. Se dedica plenamente a sus estudios histológicos y se costea su viaje al Congreso de Berlín, donde presentará sus descubrimientos.

Como el que vivió uno de nuestros más ilustres científicos, Santiago Ramón y Cajal, quien convencido de sus descubrimientos y avances en el campo de la neurología y, ante los pocos recursos y apoyos que tenía en nuestro país donde aún era un gran desconocido, no dudo en reunir sus escasos ahorros para acudir al Congreso de la Sociedad Anatómica Alemana que se celebraba en Berlín en octubre de 1889.

Dicen que la suerte hay que buscarla, y fue allí en ese congreso donde, con un torpe francés, pudo explicar de primera mano sus investigaciones a Rudolph Albert von Kölliker, un reputado colega de profesión suizo, considerado todo un maestro de la histología y anatomía en Europa. Kölliker quedó tan sorprendido con las explicaciones del español que pronto afirmó

Le he descubierto a usted, y deseo divulgar en Alemania mi descubrimiento.

Rudolph Albert von Kölliker

La vida de nuestro ínclito científico cambiaría a partir de ese momento. Bajo el mecenazgo de su colega suizo, no sólo recorrería Alemania, sino medio mundo para dar a conocer sus descubrimientos y recibir en 1906 un merecido Premio Nóbel, justo un año después de la muerte de su ilustre descubridor.

Y para terminar, nos unimos desde aquí al homenaje que Juan Antonio Cebrián rindió a los científicos españoles en su pasaje de la Historia dedicado a Santiago Ramón y Cajal:

Gracias a personajes como Santiago Ramón y Cajal hoy en día miles de científicos españoles tienen esa vitola de prestigio.

Miles de nuestros científicos residen en el extranjero trabajando, porque aquí no encuentran sitio ni beca ni sueldo, y sirva el esfuerzo de Santiago Ramón y Cajal como homenaje a esos científicos que tuvieron que buscar el pan y la sal en otros lares.

Y también como reconocimiento a los científicos que se han quedado aquí, en España, investigando y manteniendo los ideales de uno tan loco como ellos llamado Santiago Ramón y Cajal.

Juan Antonio Cebrián