Hemos de ser conscientes que el éxito de la creación del Instituto de Alfonso XIII dependió también de la decisión de Carlos Mª Cortezo de colocar a Santiago Ramón y Cajal como su director. Además de su gran valía científico-técnica (que comprendía también el ámbito de la Bacteriología) y su prestigio y reconocimiento dentro y fuera de nuestras fronteras, sumaba su pertenencia al ámbito universitario y, sobre todo, ser la persona de confianza de Julián Calleja, el presidente del Colegio de Médicos de Madrid y decano de la facultad de Medicina de Madrid, para ponerle al frente del malogrado Instituto Central de Bacteriología en 1894. Sin duda fue de gran valor este gesto de Cortezo, contrario a la colegiación obligatoria y, como vimos, representante de la prensa profesional y la Real Academia de Medicina, espacios de poder establecidos contra los que competía el nuevo de los Colegios Oficiales de Médicos. Otra medida facilitadora de Cortezo fue la incorporación de farmacéuticos y veterinarios, al lado de los médicos tanto en el Consejo de Administración del Instituto Alfonso XIII como en su Comisión Técnica. Para integrar esta última se seleccionaron figuras competentes y relevantes de las tres profesiones sanitarias que facilitaran la viabilidad del proyecto. La Comisión quedó constituida por los médicos: Antonio Mendoza, director del Laboratorio Bacteriológico del Hospital de San Juan de Dios; José Alabern y Raspaín, jefe de la Sección de Bacteriología del Instituto de Higiene Militar, y Luis Simarro (1851-1921); más Juan Ramón Gómez Pamo (1846-1913), catedrático de Farmacia, y Dalmacio García Izcara (1859-1927), profesor de la Escuela de Veterinaria.
Instituto de Sueroterapia, Vacunación y Bacteriología, con la denominación de Alfonso XIII
Se crea por Real Decreto de 28 de Octubre de 1899 siendo Ministro de la Gobernación, Eduardo Dato, durante la regencia de María Cristina.
«En nombre de Mi Augusto Hijo el Rey D. Alfonso XIII y como Reina Regente del Reino,
Vengo en decretar lo siguiente:
Artículo 1º. Se declaran disueltos los actuales Instituto Central de Bacteriología é Higiene y el de Vacunación del Estado, y en su lugar se crea un Instituto de Sueroterapia, Vacunación y Bacteriología con la denominación de Alfonso XIII, destinado:
*1.º *A los análisis e investigaciones microbianas y bacteriológicas que se le encomienden por la Dirección general de Sanidad o que propongan a la misma el Real Consejo de Sanidad y la Real Academia de Medicina, o que soliciten de él los particulares.
2.º A la enseñanza práctica de la técnica bacteriológica en su relación con la higiene pública y la epidemiología.
3.º A la obtención de las linfas, sueros y cultivos destinados a la prevención y al tratamiento curativo de las enfermedades infecciosas.
4.º A la generalización y práctica de estos procedimientos preventivos y curativos.
Así, el mencionado Instituto se organiza en 3 Secciones:
De análisis bacteriológicos y enseñanza de su técnica.
De sueroterapia y obtención de sueros y vacunas preventivos.
De inoculaciones y de la vacuna.
Como se menciona en la Exposición del Decreto, «… la Bacteriología, o sea con la rama de la Biología que estudia esos seres infinitamente pequeños… producen muchas veces la enfermedad ó la muerte de nuestros semejantes…», «… El glorioso descubrimiento de Jenner… abre ancha vía de aplicaciones análogas de inoculaciones preventivas a males tan mortíferos o más que la viruela…», «La difteria, una de las plagas más mortíferas de la infancia se trata desde hace poco con éxito evidente por inoculaciones preventivas y curativas…», «… la rabia encuentra su tratamiento salvador en ingeniosos cultivos…»
Se puede apreciar la diferencia con el anterior Instituto, el del Decreto de Alberto Aguilera, que como se menciona en este Decreto, «… no llegó a tener realización efectiva, cayendo aquel decreto, inspirado en tan sanos y elevados pensamientos en la que pudiera llamarse derogación absoluta del desuso».
Con la incorporación de la enseñanza de la Bacteriología se buscaba proporcionar una formación al personal sanitario de la que carecía hasta ese momento a pesar de la importancia que esa disciplina había adquirido en el abordaje de los procesos infecciosos y de muchos de los problemas de salud pública presentes. Es cierto que la recepción de las ideas de la teoría microbiana se efectuó más o menos como en el resto de los países europeos a través de las traducciones y de las revistas médicas decimonónicas, pero la Bacteriología no apareció como disciplina independiente en el currículum de Medicina hasta bien avanzado el siglo XX. De hecho, la Microbiología Médica no figuró como asignatura independiente hasta el plan de estudios de 1928, y tan sólo en 1911 se dotó la 63 Ministerio de la Gobernación. Dirección General de Sanidad (1900), pp. 7 y 11. 64 Ministerio de la Gobernación. Dirección General de Sanidad (1900), pp. 8 y 11. 65 Sobre este tema, puede verse: López Piñero, J.M. (1973) y Báguena Cervellera, M.J. (1988).– 83 primera cátedra de Parasitología y Patología Tropical en la Facultad de Medicina de Madrid Los estudiantes recibieron únicamente, de manera no totalmente reglada, los conocimientos de la nueva materia de mano de los profesores de Clínica Médica y/o Quirúrgica, Obstetricia y Ginecología, o Anatomía Patológica, y, sobre todo, de los de Higiene Pública. No obstante, no se incorporaron unas prácticas de Bacteriología a esta última asignatura hasta 1904. Esta escasa presencia y preparación en la nueva disciplina en el nivel de pregrado anuncia también la falta de una formación reglada especializada que, pese a los esfuerzos realizados desde el Instituto de Alfonso XIII en sus primeros años de vida, se mantuvo hasta la segunda década del siglo XX y justificó la denuncia realizada por Manuel Martín Salazar (1854-1936) en 1913 en su discurso de ingreso en la Real Academia Nacional de Medicina. En su opinión, se carecía de auténticos especialistas en ese campo y, lo que era más grave, de la posibilidad de especializarse de un modo reglado dentro de nuestras fronteras.
La diferencia estaría en los elementos de tipo práctico que introduce, pero especialmente la introducción en la medicina del uso terapéutico del suero antidiftérico, elemento salvador de tantos niños asfixiados por la difteria, más de 2.000 defunciones anuales consignadas, según recoge Rico-Avello (1961) y que como se refleja en numerosas obras literarias, volvían «milagrosamente» a la vida, dando un espaldarazo al quehacer médico, tan degradado con sangrías, ventosas y ungüentos. Hay que tener en cuenta que en nuestro país, el suero antidiftérico se empieza a aplicar a partir de 1895, a los 7 años de su descubrimiento por Roux en 1888, siendo esta medida terapéutica uno de los grandes estímulos a la creación del Instituto.
Sin embargo, si nos fijamos en el Artículo 2º del Real Decreto, «Los gastos de este Instituto se cubrirán con las consignaciones que figuran en el cap. 10, artículos 2º y 3º, y en el cap. 11, artículos 2º y 5º», con lo que no parece se dotaran partidas presupuestarias extraordinarias para su instalación y así quedó alojado en una antigua vaquería de la calle de Ferraz, posiblemente la sede del extinguido Instituto Nacional de Vacuna, no trasladándose al nuevo edificio, moderno y funcional hasta 1913.

El embrión de lo que será después el Ministerio de Sanidad.
Fernando de Castro Soubriet
Evolución del Instituto Alfonso XIII y su continuación hasta el Instituto Carlos III
El Instituto va evolucionando y asumiendo distintas responsabilidades, no sólo las relacionadas con la preparación de la vacuna antivariólica y rabia, sino que prepara otras vacunas y sueros, así como el control de alimentos y medicamentos. Según recoge Navarro y García (2001), el Instituto arranca con ímpetu y así, en el curso 1900-1901, produce 53.274 viales de vacuna antivariólica, 40 litros de antitoxina diftérica, 483 frascos de suero antidiftérico y 50 gramos de suero desecado. En 1905 se inicia la publicación del Boletín del Instituto, que dirigía el propio Cajal y se inicia una importante labor docente. En 1911, por RD del 24 de Enero se cambia la denominación del Instituto por Instituto Nacional de Higiene, «Alfonso XIII» y a raíz del brote de cólera en Vendrell (Tarragona) se convoca un Curso oficial de Enseñanza práctica de Bacteriología aplicada al diagnóstico, del Cólera Morbo Asiático, que se repetirá en 1913 y 1915. Para los que vivimos la epidemia de cólera en España el año 1971, nos parece absolutamente superponible, 60 años después.
Como podemos apreciar, el industrialismo con el acúmulo de la población en los suburbios de las grandes ciudades industriales dio lugar a una contaminación masiva de los ríos, que como en el caso del Támesis a su paso por el Parlamento, producía un hedor insoportable y el riesgo de infecciones, especialmente de carácter hídrico-fecal. El comienzo de la época del saneamiento moderno, con provisión de agua a los nuevos barrios y salida de las aguas servidas, hizo que con la manipulación del agua se produjeran numerosas infecciones, dejando el terreno abonado para las epidemias de cólera del XIX.

En 1913 se inaugura el nuevo edificio de la Moncloa, con 4 Secciones: Bacteriología, Vacunación, Biología y Seroterapia y 2 Departamentos: Veterinaria y Química. El esquema organizativo se va a conservar casi 75 años, hasta la creación del Carlos III, salvo por la novedad de la introducción de la Virología, de la mano de Florencio Pérez Gallardo con todo el desarrollo que él y esta Ciencia aportaron al resurgir del Instituto.
El Instituto Alfonso XIII cambia de nombre con la II República, pasando a denominarse el año 1934, Instituto Nacional de Sanidad, integrando la Escuela Nacional de Sanidad bajo la dirección de Gustavo Pittaluga.
Así llegó hasta el fin de la guerra civil de 1936-1939 en que en 1939, por Orden de 29 de Abril se crea el Instituto Superior de Enseñanza e Investigación Sanitarias que nunca llegó a desarrollarse hasta que al hacerse la Ley de Bases de Sanidad Nacional de 1944, las funciones del Instituto se adscriben a la Escuela Nacional de Sanidad, sin dotaciones adecuadas, trasladándose de una buhardilla en la calle de Claudio Coello, 67 al Pabellón 1 de la Ciudad Universitaria, ocupando dos plantas y un sótano.
Bibliografía:
El desarrollo de la Microbiología en España. Alfonso V. Carrascosa y María José Báguena En memoria del Prof. Julio Rodríguez Villanueva. Fundación Ramón Areces 2019.
Navarro y García R. Historia de las Instituciones Sanitarias Nacionales. Instituto de Salud Carlos III. Madrid: Ministerio de Sanidad y Consumo; 2001.
El Instituto de Salud Carlos III y la sanidad española. Origen de la medicina de laboratorio, de los institutos de salud publica y de la investigación sanitaria. Rafael Nájera Morrondo. Revista Española de Salud Pública versión On-line ISSN 2173-9110. versión impresa ISSN 1135-5727 Rev. Esp. Salud Publica vol.80 no.5 Madrid sep./oct. 2006
Instituto Nacional de Higiene Alfonso XIII (1899-1939). Centro de Información Documental de Archivos (CIDA).

Comentarios
Para activar los comentarios: ve a giscus.app, introduce el repositorio
joseadserias-dotcom/cajal-digitaly reemplaza los IDs ensrc/layouts/Articulo.astro.