Centro de Interpretación Ramón y Cajal
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Dibujos del joven Don Santiago

Dawn Hunter
Hoy, día de mayo, 1 de mayo de 2024, se conmemora el 172 aniversario del nacimiento de Cajal. Para celebrarlo, publico mis últimos dibujos del inventario Cajal, que completé en un reciente viaje a Madrid, España. Dos de los cuales dibujé mientras visitaba el Museo Nacional de Ciencias Naturales - uno un retrato de Cajal y otro, un dibujo compuesto de caricaturas juguetonas de visitantes del museo. La exposición titulada “El Legado Histórico de Santiago Ramón y Cajal” cuenta con dos salas: una recrea su espacio de trabajo con muebles originales y pertenencias personales, destacando su papel como Premio Nobel de 1906. La segunda sala exhibe más de 28.000 artículos del Legado Cajal, que son preservados por el archivo histórico del museo bajo la supervisión del CSIC.
Algunos de los logros de Cajal incluyen:
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Progreso académico y profesional: Cajal avanzó de Licenciatura en Medicina a diversas cátedras, finalmente ocupando una cátedra de Histología y Anatomía Patológica en Madrid.
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Publicaciones Científicas: Publicó obras significativas sobre histología y anatomía, en particular la Textura del sistema nervioso del hombre y de los vertebrados, y contribuyó con más de 100 artículos a revistas científicas.
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Reconocimiento y Premios: recibió numerosos premios, incluyendo el Premio Nobel en 1906, fue miembro de varias academias y sociedades reales, y recibió títulos honoríficos de universidades como Cambridge y Clark University.
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Conferencias influyentes: Cajal fue invitado a dar prestigiosas conferencias, incluyendo la conferencia de Croonian en Londres y conferencias en la Universidad Clark en los EE. UU.
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Impacto: Su trabajo continúa siendo celebrado, evidenciado por publicaciones y honores en su nombre, como el volumen publicado por el Instituto Carolina en su centenario (Acta Physiol. Scand., Vol. 29, Suppl. 106).





El Nobel que Ramón y Cajal nunca recibió

Magnífico artículo de Javier Yanes para Ventana al Conocimiento.
Párrafo final ->
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Todo lo anterior sugiere que las espinas dendríticas conforman una identidad distinta e irrepetible de cada cerebro. Y para ilustrarlo, De Felipe ha concebido la curiosa iniciativa de transformar esa huella personal en música. El equipo dirigido por el neurobiólogo ha publicado recientemente en la revista Neuroinformatics la creación de una herramienta informática que asigna a cada espina una nota según sus rasgos morfológicos. “La idea es tocar la partitura resultante y escuchar cómo suena cada cerebro”. Bajo el título El canto de las neuronas, el cuarteto de cuerda Almus interpretará dos piezas que representan la música de un cerebro sano y de otro con alzhéimer, un mal que destruye las espinas dendríticas. De Felipe pretende plasmar así cómo las nuevas tecnologías pueden contribuir al estudio de las enfermedades neurodegenerativas. “¿Será la música la clave para descubrir algunos de los secretos que guardan los bosques neuronales?”, se pregunta el investigador.
Celebrar a Cajal
Hoy hace exactamente 150 años recibía Santiago Ramón y Cajal su título de licenciado en Medicina por la Universidad de Zaragoza. Tenía veintiún años. Era la confirmación de que había dado pasos decisivos para transformar aquel muchacho agreste y revoltoso que había llegado a Zaragoza cuatro años antes y ahora comenzaba a encontrar su destino.
Mucho debía el cambio a la férrea voluntad de su padre, Justo Ramón, que no lo había dejado de la mano y había logrado encauzar sus innegables capacidades hacia la ciencia utilizando su afición por el dibujo como reclamo. “Mi lápiz halló por fin gracia a los ojos de mi padre”, escribió en sus ‘Recuerdos’. También el ambiente de la propia facultad lo había estimulado, con profesores que suplían la carencia de medios con entusiasmo y compañeros en los que encontró algunos de los que serían sus mejores amigos. Sin olvidar su perfecta integración en Zaragoza, “su ciudad”.
Al acabar la carrera, ejerció brevemente la medicina en su sentido más tradicional, algo que resultaría casi una completa excepción en su dilatada trayectoria profesional. Era el año 1873 y el Gobierno de la I República se enfrentaba a desórdenes internos, a una nueva sublevación carlista y a un levantamiento en Cuba, de manera que decidió una amplia llamada a filas que incluyó al recién licenciado; era la llamada quinta de Castelar.** Cajal opositó a médico militar y, como teniente, fue incorporado a la lucha contra los carlistas en Cataluña, que estaba entonces en sus comienzos.** Ascendido a capitán fue destinado en 1874 a Cuba donde enfermó a causa del paludismo y hubo de ser repatriado en junio de 1875, volviendo a instalarse en Zaragoza en casa de su familia.
Una vez restablecido volvió a plantearse la cuestión de su futuro. Desde el principio a él le interesó menos la medicina asistencial que la investigación, pero los comienzos no fueron fáciles. Por eso su padre le insistía en que no renunciara a la seguridad económica que daba la primera, le hizo ayudarle en su consulta y en el hospital de Nuestra Señora de Gracia y hasta lo convirtió en médico de Castejón de Valdejasa, donde solo aguantó unas semanas.
La sociedad civil aragonesa debería asumir un mayor protagonismo en mantener vivo el legado de Cajal y en difundir los valores que le caracterizaron: esfuerzo, perseverancia, búsqueda de la excelencia e independencia de juicio
Cajal tenía otros planes y poco a poco se fue independizando de la férrea tutela paterna. En lo personal se casó con Silveria Fañanás, contra el criterio de don Justo, y en lo profesional hizo el doctorado, probó suerte en las oposiciones y a la tercera obtuvo la cátedra. En 1884 dejó Zaragoza para incorporarse a ella y para entonces la pasión por la ciencia y la investigación habían arraigado definitivamente en él; el sabio estaba a punto, como dijo su amigo Olóriz.** Después vendrían los descubrimientos que le dieron fama y lo convirtieron en el padre de la neurociencia moderna y fueron reconocidos con importantes premios, incluido el Nobel en 1906.**
Siempre es bueno celebrar a Cajal, porque constituye un ejemplo y debe ser motivo de orgullo para Aragón y para España. Por eso no queríamos dejar pasar esta efeméride sin recordarlo. **Especialmente, considerando que estamos en mitad de un denominado ‘Trienio Cajal’ decretado por el Gobierno central, que empezó en 2022 cuando se celebraba el aniversario de su nacimiento y que está quedando en palabras, una vez más. **Tampoco desde el Gobierno aragonés se ha demostrado mucho interés por el momento. Lo hace la Universidad de Zaragoza, pero con la limitación que le imponen sus escasos recursos, y lo ha hecho simbólicamente el Ayuntamiento con la Gran Vía de Ramón y Cajal.
En vista de todo ello, quizá sea más oportuno que la sociedad civil, especialmente la aragonesa, asuma un mayor protagonismo en mantener vivo el legado de Cajal, reivindicar su figura y difundir su ejemplo y los valores que le caracterizaron: esfuerzo, perseverancia, búsqueda de la excelencia e independencia de juicio. La reciente constitución en Zaragoza de un Centro de Estudios Cajalianos busca, precisamente, caminar en esa dirección.
Por JOSÉ MARÍA SERRANO SANZ Y ALBERTO JIMÉNEZ SCHUHMACHER

Artículo original en Heraldo de Aragón.

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