Dedicado a Doña Ana Puras Gil
Sección I: Introducción
La historia de la ciencia española, como la de cualquier nación, está jalonada tanto por figuras monumentales cuya luz perdura a través de los siglos, como por personalidades notables cuya obra, por azares del destino o por la fuerza arrolladora de los acontecimientos, ha quedado relegada a una inmerecida penumbra. Miguel Gayarre y Espinal (1866-1936) es una figura emblemática de esta segunda categoría, un neuropsiquiatra brillante y un miembro destacado de la que se ha dado en llamar la “Escuela Madrileña de Psiquiatría”, cuyo legado, sin embargo, ha sido en gran medida eclipsado, convirtiéndolo en “el olvidado” de la gloriosa Escuela de Cajal. Su trayectoria, prometedora y plenamente integrada en el renacimiento científico de su tiempo, se vio truncada no por la violencia directa de la Guerra Civil Española (1936-1939), sino por una muerte natural acaecida en sus vísperas, un hecho que, paradójicamente, selló su destino historiográfico y contribuyó a la dispersión y probable destrucción de su legado documental.
Para comprender la relevancia y la posterior invisibilidad de Gayarre, es imprescindible situarlo en el contexto de la Edad de Plata de la ciencia española, un período de excepcional florecimiento intelectual que abarcó el primer tercio del siglo XX. Este renacimiento fue catalizado por la figura titánica de Santiago Ramón y Cajal, cuyo Premio Nobel en 1906 no solo le otorgó un prestigio internacional sin precedentes, sino que también le confirió la autoridad moral y política para impulsar una profunda modernización de las estructuras científicas del país. El instrumento clave de esta modernización fue la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE), presidida por el propio Cajal, una institución que, mediante un ambicioso programa de becas, permitió a una generación de jóvenes talentos formarse en los centros de vanguardia de Europa, especialmente en Alemania, para luego regresar a España e implantar los nuevos métodos y conocimientos. Gayarre fue uno de los beneficiarios de este vibrante ecosistema, completando su formación en Berlín y absorbiendo las corrientes más avanzadas de la neurología y la psiquiatría europeas.
Este artículo se propone rescatar a Miguel Gayarre y Espinal del olvido, argumentando que su estatus de figura secundaria en la historiografía de la Escuela de Cajal es el resultado de una confluencia de tres factores determinantes. Primero, su posicionamiento científico, más alineado con la órbita de Luis Simarro y su discípulo directo, Nicolás Achúcarro, que con el círculo más inmediato de Cajal, lo que le situó en una rama fundamental pero no central del árbol genealógico de la escuela. Segundo, su muerte prematura por causas naturales en abril de 1936, apenas tres meses antes del estallido de la contienda, un hecho que le impidió adquirir el estatus de mártir de la represión (como su colega José María Villaverde) o de figura emblemática del exilio científico (como Gonzalo Rodríguez Lafora), narrativas que han dominado la memoria histórica de la época. Y tercero, la casi segura destrucción de su legado documental, incluyendo su tesis doctoral, en la devastación de la Ciudad Universitaria de Madrid, que fue uno de los frentes de batalla más cruentos y prolongados de la Guerra Civil. Por tanto, el caso de Gayarre no es simplemente un descuido historiográfico; es la crónica de cómo una carrera científica notable fue efectivamente borrada por una convergencia de dinámicas académicas, el azar biográfico y una catástrofe nacional que redefinió la memoria científica de España para las generaciones venideras.

Sección II: Trayectoria Biográfica y Científica de un Neuropsiquiatra Navarro
Orígenes y Formación Académica
Miguel Gayarre y Espinal nació en Pamplona el 5 de julio de 1866, en el seno de una familia navarra de notable posición. Un indicio del estatus social y cultural de la familia se encuentra en el patrimonio arquitectónico de Pamplona: una placa conmemorativa en el número 72 de la calle San Nicolás celebra el centenario (1899-1999) de la primera obra de estilo modernista de la ciudad, un edificio proyectado por el arquitecto Manuel Martínez de Ubago para “Dña. Zoila de Espinal e Irurita Vda. de Gayarre”, madre de Miguel. Este hecho sugiere un entorno familiar no solo acomodado, sino también conectado con las corrientes de renovación artística de la época.

Cursó sus estudios superiores en la Facultad de Medicina de la Universidad Central de Madrid, el epicentro de la vida académica y científica del país en aquella época. Su formación culminó en 1895 con la obtención del grado de doctor, defendiendo una tesis titulada De la taquicardia esencial paroxística. La elección de este tema, que se sitúa en la intersección de la cardiología y la neurología, revela una temprana inclinación hacia el estudio de las complejas interacciones entre el sistema nervioso y la fisiología visceral, un campo que en aquel entonces comenzaba a explorarse con rigor científico. Tras doctorarse, Gayarre consolidó su formación clínica como médico asistente en dos de las instituciones más importantes de la capital: el Hospital Clínico de San Carlos y el Hospital Provincial de Madrid.
Formación Internacional y Maestros en Madrid
Siguiendo la senda de modernización que caracterizó a su generación, Gayarre buscó ampliar sus horizontes en el extranjero. Realizó una estancia formativa en el prestigioso Hospital de la Charité de Berlín, bajo la tutela de Hermann Oppenheim, una de las figuras más influyentes de la neurología alemana, de quien Gayarre se consideraría siempre discípulo. Esta experiencia fue fundamental, ya que le expuso a los métodos rigurosos de la escuela neurológica germánica, que priorizaba la correlación anatomoclínica.
A su regreso a Madrid, su carrera se vio profundamente influenciada por dos maestros españoles a quienes reconoció como sus principales mentores. En el ámbito clínico, trabajó junto a Juan Madinaveitia Ortiz de Zárate en su servicio de Medicina Interna del Hospital Provincial. Sin embargo, fue en el campo de la investigación donde encontró a su guía más decisivo: Luis Simarro Lacabra. Gayarre acudió asiduamente al laboratorio privado de Simarro, una figura carismática y pionera que introdujo en España las técnicas histológicas de Golgi y fue un nexo fundamental entre la neurología, la psiquiatría y la psicología experimental. Fue allí donde Gayarre se inició en la neurohistopatología. Su relación con el laboratorio de Santiago Ramón y Cajal, aunque existente, fue más esporádica, lo que define su posición como un miembro de la Escuela de Cajal en un sentido amplio, pero con un linaje intelectual más directamente vinculado a Simarro.

Carrera Profesional y Contribuciones Científicas
La carrera de Gayarre se desarrolló en la doble vertiente de la neurología y la psiquiatría, abarcando tanto la práctica pública como la privada. Su nombramiento más destacado fue el de Director del Manicomio de Ciempozuelos en 1909, una de las instituciones psiquiátricas más grandes de España, donde sustituyó a Francisco Maraver y Jiménez. Su gestión en Ciempozuelos se enmarcó en un período de incipientes reformas en la asistencia psiquiátrica, aunque los detalles específicos de sus innovaciones requieren una investigación más profunda en los archivos de la institución. Paralelamente, dirigió un sanatorio privado, “Nuestra Señora de los Ángeles”, dedicado a pacientes neurológicos y psiquiátricos.

Su producción científica, aunque no tan extensa como la de otros contemporáneos, fue de notable calidad y se centró en áreas de vanguardia. Sus colaboraciones con Nicolás Achúcarro, otro discípulo preeminente de Simarro y Cajal, son particularmente significativas. Juntos publicaron trabajos cruciales sobre la histopatología de enfermedades neurodegenerativas y psiquiátricas, utilizando las técnicas más avanzadas desarrolladas en el laboratorio de Cajal. Entre ellos destacan Nuevos estudios sobre la histopatología de la parálisis general con el método del cloruro de oro sublimado de Cajal (1914) y Contribución al estudio de la neurología en la corteza de la demencia senil y su participación en la alteración de Alzheimer (1914). Estos estudios lo sitúan en la primera línea de la investigación neuropatológica de su tiempo. Cuando Achúcarro cayó enfermo a partir de 1916, la coordinación de su Laboratorio de Histopatología del Sistema Nervioso (LHPSN) fue asumida conjuntamente por Gayarre, como el asistente de mayor edad, y por Pío del Río-Hortega, el discípulo técnicamente más capacitado, lo que demuestra la confianza que se depositó en él.
Además, Gayarre desempeñó un papel pionero en la introducción y el debate de las ideas psicoanalíticas en España. En 1909, publicó en la Revista Clínica de Madrid el artículo “La génesis sexual del histerismo y de las neurosis en general”, considerado uno de los primeros análisis documentados y serios de las teorías freudianas en el país. Su enfoque, sin embargo, no fue de adhesión incondicional, sino de un análisis crítico, aceptando la importancia de la psicogénesis pero rechazando lo que consideraba aspectos ideológicos o dogmáticos de la nueva doctrina. Esta postura matizada refleja una tensión fundamental en la psiquiatría de la época: el esfuerzo por integrar la neurología de base biológica con las emergentes corrientes psicodinámicas. Gayarre no fue un mero seguidor de una u otra escuela, sino un intelectual que buscaba una síntesis, una psiquiatría que pudiera dar cuenta tanto de las bases cerebrales de la enfermedad mental como de sus dimensiones psicológicas. Esta posición, alejada de los extremos, pudo haber contribuido a su posterior olvido, al no convertirse en un estandarte claro de ninguna de las facciones que competían por la hegemonía en la psiquiatría española.

Muerte y Legado Inmediato
Miguel Gayarre y Espinal falleció el 14 de abril de 1936. Diversas fuentes, incluyendo un detallado artículo biográfico reciente, señalan la causa de la muerte como un infarto de miocardio, ocurrido en Hendaya (Francia). Su muerte, a los 69 años, se produjo en un momento de máxima tensión política en España, a escasos tres meses del golpe de estado que desencadenaría la Guerra Civil. La necrológica escrita por su colega y amigo José Miguel Sacristán, una figura central de la psiquiatría española, lo recordaba como un maestro y un clínico excepcional, destacando su modestia y su profundo conocimiento. En ella, Sacristán menciona que Gayarre tuvo un hijo, “Paco”, fallecido en una fecha no determinada, dato que añade una capa de tragedia personal a su biografía. La muerte de Gayarre justo en el umbral del cataclismo nacional marcó el fin de una era y el comienzo de la dispersión de la brillante generación científica a la que perteneció.
Sección III: La Órbita de la Escuela de Cajal: Una Pertenencia Matizada
La denominación “Escuela de Cajal” o “Escuela Neurológica Española”, aunque útil para designar el período más brillante de la neurociencia en España, puede inducir a una visión monolítica de una realidad científica que fue, en verdad, más compleja y policéntrica. La investigación histórica revela que la llamada “Escuela Madrileña de Psiquiatría” no giraba exclusivamente en torno a la figura de Santiago Ramón y Cajal, sino que constituía un ecosistema intelectual con, al menos, dos grandes polos de influencia: el propio Cajal y el no menos influyente Luis Simarro. Mientras Cajal representaba la cumbre de la neurohistología y la investigación fundamental, Simarro actuaba como un catalizador en los campos de la neurología clínica, la psiquiatría y la psicología experimental, siendo además el introductor de las técnicas de Golgi en España que el propio Cajal perfeccionaría.
Dentro de este sistema dual, figuras como Nicolás Achúcarro, Gonzalo Rodríguez Lafora, José Miguel Sacristán y el propio Miguel Gayarre se movían con fluidez entre ambas órbitas, beneficiándose de la maestría de ambos líderes. El caso de Gayarre es paradigmático de esta dinámica: su formación principal en neurohistopatología la recibió en el laboratorio de Simarro, su colaborador más cercano en investigación fue Achúcarro (quien a su vez fue discípulo de ambos, Simarro y Cajal), y su contacto con el laboratorio del Nobel fue real pero esporádico. Esta posición lo sitúa como una pieza clave de la red científica madrileña, pero no dentro del círculo más inmediato de discípulos directos de Cajal, como sí lo fueron Jorge Francisco Tello o Fernando de Castro.

La siguiente tabla comparativa permite visualizar el perfil de las figuras más relevantes de este período y contextualizar la trayectoria de Gayarre, evidenciando las variables que a la postre determinarían su lugar en la memoria histórica.
NombreAños de VidaMentor(es) Principal(es)Contribuciones ClaveSantiago Ramón y Cajal1852-1934Autodidacta, A. Maestre de San JuanDoctrina de la Neurona, Premio Nobel (1906)Luis Simarro Lacabra1851-1921Varios (Francia)Introductor de la neurología y psicología experimentalNicolás Achúcarro1880-1918Simarro, Cajal, AlzheimerHistopatología de la neuroglía, Técnica del taninoMiguel Gayarre y Espinal1866-1936Simarro, OppenheimNeuropsiquiatría, Histopatología de demenciasGonzalo R. Lafora1886-1971Cajal, Simarro, AchúcarroEnfermedad de Lafora, Psiquiatría biológicaJosé M. Villaverde1888-1936Cajal, BleulerNeuropsiquiatría, Traductor de BleulerPío del Río-Hortega1882-1945AchúcarroDescubrimiento de la microglía y oligodendroglíaJorge Francisco Tello1880-1958CajalNeuroembriología, Sucesor de Cajal en el Instituto
El análisis comparativo que ofrece la tabla es revelador. Mientras que las figuras más recordadas tuvieron destinos marcados por el drama de la guerra —el exilio, la depuración, el asesinato—, Gayarre queda en un limbo histórico. Su muerte natural justo antes del conflicto lo excluyó de las narrativas dominantes de la posguerra: la del martirio, la del exilio heroico que continuó la labor científica en América, y la de la resistencia interior de los discípulos directos de Cajal. Esta circunstancia, unida a su linaje científico más simarrista que cajaliano, explica en gran medida su “olvido”. La “Escuela de Cajal”, como concepto historiográfico, fue en parte una construcción posterior, que tendió a simplificar una red científica más compleja para consolidar una narrativa nacional en torno a la figura incontestable del Premio Nobel. En este proceso de simplificación, las “sub-escuelas” y los linajes paralelos, como el representado por Gayarre, quedaron difuminados.
Sección IV: El Nexo Familiar: Los Gayarre y los De la Quadra Salcedo
La conexión entre el neuropsiquiatra Miguel Gayarre y Espinal y una de las figuras mediáticas más reconocidas de la España del siglo XX, el aventurero Miguel de la Quadra-Salcedo, es directa, trazando una línea familiar que atraviesa algunos de los momentos más definitorios de la historia reciente del país.
La investigación genealógica establece los siguientes hechos:
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Miguel Gayarre y Espinal (hijo de Zoila de Espinal e Irurita) contrajo matrimonio con Cayetana Galbete Etulain.
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De esta unión nació una hija, María Gayarre Galbete (nacida en 1913).
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En 1931, María Gayarre Galbete se casó con Estanislao de la Quadra-Salcedo y Arrieta-Mascarúa (1907-1938), miembro de una notable familia vizcaína.
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El primogénito de este matrimonio fue Miguel de la Quadra-Salcedo y Gayarre, nacido en Madrid el 30 de abril de 1932.
Por lo tanto, Miguel Gayarre y Espinal era el abuelo materno de Miguel de la Quadra-Salcedo.
Esta conexión, más allá de lo puramente genealógico, encapsula la fractura histórica de España. La saga familiar abarca tres generaciones que personifican tres épocas distintas y, en muchos sentidos, contrapuestas. El abuelo, Miguel Gayarre, representa la élite intelectual de la Edad de Plata, un proyecto de modernización científica y cultural de inspiración europea que fue violentamente truncado. Su mundo era el del laboratorio, el congreso científico y el hospital, un universo regido por la razón y el método empírico.
La generación intermedia, la de sus hijos y yernos, fue la víctima directa del conflicto. Su yerno, Estanislao de la Quadra-Salcedo, padre del futuro aventurero, murió en el frente de guerra en Aranda de Duero en diciembre de 1938, dejando a su esposa, María Gayarre, viuda y con hijos pequeños. Tras esta tragedia, la familia se trasladó a Pamplona, la ciudad natal del abuelo Gayarre, donde el joven Miguel de la Quadra-Salcedo pasó su infancia y juventud.
La tercera generación, la del nieto, emerge en la España de la posguerra y el posterior desarrollismo franquista. Miguel de la Quadra-Salcedo se convirtió en un icono nacional, primero como atleta de élite, compitiendo en los Juegos Olímpicos de Roma 1960, y después como reportero de televisión y creador de la emblemática “Ruta Quetzal”. Su figura pública se construyó sobre valores de aventura, exploración física y un cierto exotismo, un ideal que contrastaba fuertemente con la exploración intelectual y microscópica de su abuelo. Mientras Gayarre cartografiaba los intrincados paisajes del sistema nervioso, su nieto cartografiaría las selvas del Amazonas para las cámaras de televisión. La trayectoria de la familia refleja, así, la transformación de los arquetipos heroicos de la sociedad española: del científico modernizador de la República al aventurero mediático desde el tardofranquismo, la Transición y la Democracia.



Sección V: La Tesis Perdida - Crónica de una Destrucción Anunciada
La investigación sobre el destino de la tesis doctoral de Miguel Gayarre y Espinal, De la taquicardia esencial paroxística, defendida en la Universidad Central de Madrid en 1895, conduce a una conclusión casi ineludible: su destrucción durante la Guerra Civil Española. Aunque no existe un certificado de defunción documental, la convergencia de la evidencia histórica, militar y archivística pinta un cuadro desolador sobre la suerte de los fondos académicos albergados en la Ciudad Universitaria de Madrid.
De la taquicardia esencial paroxística: Un Vistazo a la Neurocardiología de Principios de Siglo
La elección de un tema cardiológico por parte de un médico que dedicaría su carrera a la neuropsiquiatría puede parecer, a primera vista, una anomalía. Sin embargo, en el contexto científico de finales del siglo XIX, esta conexión era no solo lógica sino vanguardista. Los trabajos de fisiólogos como Claude Bernard ya habían establecido la profunda influencia del sistema nervioso en el control de la circulación periférica. A principios del siglo XX, figuras como Fernando de Castro y Ewald Hering descubrirían los barorreceptores arteriales y desentrañarían los mecanismos reflejos que regulan la frecuencia cardíaca y la tensión arterial. El estudio de las taquicardias paroxísticas se encontraba precisamente en esa frontera, investigando las crisis arrítmicas que se intuían de origen nervioso pero cuya fisiopatología exacta era un misterio. La tesis de Gayarre, por tanto, no representaba una desviación de su interés por el sistema nervioso, sino una incursión temprana en lo que hoy podríamos denominar neurocardiología, el estudio del control autonómico del corazón. La pérdida de este documento no es solo la de una tesis de un estudiante, sino la de un trabajo potencialmente pionero en la historia de la medicina española, que conectaba dos especialidades en un momento fundacional para ambas.
La Ciudad Universitaria como Frente de Batalla
La Ciudad Universitaria, concebida como el gran proyecto de modernización educativa de la monarquía de Alfonso XIII e impulsada por la Segunda República, se convirtió irónicamente en uno de los símbolos más trágicos de la Guerra Civil. En noviembre de 1936, las tropas sublevadas lanzaron su asalto frontal sobre Madrid, y el campus universitario se transformó en la línea del frente. Lo que se preveía como una batalla rápida se convirtió en un asedio de desgaste que duró casi dos años y medio, hasta el final de la contienda en marzo de 1939.
Los edificios de las facultades, apenas estrenados, se convirtieron en fortalezas, nidos de ametralladoras y objetivos de la artillería y la aviación. La Avenida Complutense era tierra de nadie, separando las trincheras de ambos bandos por menos de 50 metros. El Hospital Clínico, la Facultad de Medicina y la Facultad de Filosofía y Letras fueron escenarios de combates encarnizados y sufrieron bombardeos constantes. Al finalizar la guerra, el campus era un campo de ruinas, un paisaje desolado de edificios destruidos y esqueletos calcinados, como atestiguan las maquetas expuestas hoy en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense.
El Destino de los Archivos de la Universidad Central
En este contexto de destrucción masiva, el destino de los archivos universitarios fue catastrófico. La evidencia documental, aunque fragmentaria, es concluyente. Investigaciones sobre la historia de la biblioteca y el archivo de la Universidad de Madrid confirman que la documentación albergada en la Facultad de Filosofía y Letras fue destruida por los bombardeos y por su uso como material de fortificación en barricadas y trincheras. El Archivo General de la propia Universidad, entonces ubicado en la calle San Bernardo, aunque alejado del frente directo, también sufrió graves pérdidas, siendo “diezmado” al ser utilizado como refugio por la población civil.
La tesis de Gayarre, como documento administrativo y académico, habría estado depositada, con toda probabilidad, en uno de estos dos lugares: o bien en los archivos específicos de la Facultad de Medicina (ubicada en plena línea de fuego en la Ciudad Universitaria) o en el Archivo General de la Universidad. En ambos escenarios, su supervivencia habría sido un hecho casi milagroso. La destrucción física se vio agravada por la depuración ideológica de la posguerra. El nuevo régimen no tenía ningún interés en preservar el legado académico de la denostada era republicana, lo que resultó en una negligencia, cuando no destrucción deliberada, de los fondos supervivientes.
En conclusión, aunque es imposible presentar un certificado formal de destrucción, la abrumadora evidencia circunstancial indica que la tesis doctoral de Miguel Gayarre y Espinal fue una de las innumerables víctimas documentales de la Batalla de Madrid. Su pérdida simboliza la aniquilación física del conocimiento generado durante la Edad de Plata, un trabajo pionero que encarnaba el espíritu interdisciplinario de su tiempo, reducido a cenizas por el mismo conflicto que puso fin a esa era de esplendor intelectual.
Sección VI: Conclusión - Memoria, Ciencia y Olvido
El artículo sobre la figura de Miguel Gayarre y Espinal (1866-1936) permite rescatar del olvido a un científico notable cuya trayectoria y legado fueron víctimas de una confluencia de factores históricos y académicos. Esta biografía, le sitúa como un neuropsiquiatra de sólida formación germánica y un miembro activo, aunque periférico, de la Escuela de Cajal, con lazos más estrechos con la rama de Luis Simarro y Nicolás Achúcarro. Se ha documentado de manera concluyente su conexión familiar como abuelo materno del célebre periodista y aventurero Miguel de la Quadra-Salcedo, una genealogía que por sí sola encapsula la dramática transición de la España intelectual de la Edad de Plata a la España mediática de la posguerra.
Asimismo, el análisis de las circunstancias históricas de la Guerra Civil en Madrid, y en particular la devastación de la Ciudad Universitaria, ha permitido establecer con un altísimo grado de certeza que su tesis doctoral en Cardiología, De la taquicardia esencial paroxística (1895), fue destruida junto con gran parte de los archivos de la Universidad Central. Esta pérdida no es meramente documental; representa la aniquilación de un posible trabajo pionero en la neurocardiología española y simboliza la destrucción física del proyecto modernizador que representaba su generación.
La figura de Gayarre nos enseña sobre la fragilidad de la memoria científica. Su caso demuestra cómo los científicos que no encajan en las grandes narrativas —ni mártires de la represión, ni héroes del exilio, ni discípulos predilectos del “gran maestro”— son especialmente vulnerables a ser borrados de la historia. Su muerte por causas naturales en la antesala del conflicto lo dejó en un limbo historiográfico del que solo ahora, a través de una investigación minuciosa, comienza a emerger.
Si bien la tesis de Gayarre está, con toda probabilidad, perdida para siempre, la reconstrucción de su vida, su obra y su contexto familiar y científico constituye un acto de recuperación histórica. Devuelve a Miguel Gayarre y Espinal su legítimo lugar como un actor relevante, aunque eclipsado, en la historia de la ciencia española, un recordatorio de que el esplendor de la Escuela de Cajal fue obra de muchos, no solo de los pocos cuyos nombres han sobrevivido al filtro implacable del tiempo y la tragedia.
Como una vía de investigación futura, aunque con una probabilidad de éxito extremadamente remota, cabría explorar la existencia de posibles copias de su tesis en archivos privados de sus descendientes (las familias Gayarre y De la Quadra Salcedo) o en los archivos personales de los académicos que pudieron haber formado parte de su tribunal de tesis en 1895. Sin embargo, la práctica de depositar múltiples copias no estaba tan generalizada en la época, lo que hace que la esperanza de encontrar un duplicado sea mínima. La verdadera recuperación de Gayarre reside, por tanto, no en la búsqueda de un documento perdido, sino en la reconstrucción de la historia que lo rodea.
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