Hay fechas que pesan más que otras en la memoria de los pueblos. El 20 de diciembre es, para Aragón, una cicatriz y un estandarte: el día en que, en 1591, la espada del absolutismo segó la vida del Justicia, Juan de Lanuza, por defender las libertades de su tierra. Cuatro siglos después, en ese mismo día de bruma y solemnidad, Aragón volverá a señalar a sus defensores. Pero esta vez, el escudo no es de acero, sino de cristal de laboratorio; y el enemigo no es un rey tirano, sino el azar genético y la enfermedad.

La concesión de la Medalla del Justicia de Aragón 2025 al investigador Alberto Jiménez Schuhmacher no es un mero acto administrativo. Es una declaración de principios que resonaría con fuerza en los oídos de Don Santiago Ramón y Cajal: en el siglo XXI, la ciencia es el fuero más sagrado, la única herramienta capaz de garantizar la verdadera libertad del ser humano frente al dolor y la ignorancia.

I. El Custodio del Fuego Sagrado: Del Senado a Salamanca

Para quienes habitamos esta “parroquia cajaliana”, Alberto J. Schuhmacher (Zaragoza, 1980) no necesita presentación. No es solo un científico brillante; es un custodio activo del legado. En un tiempo donde la ciencia a menudo se deshumaniza entre papers y métricas, Schuhmacher ha recogido el guante del regeneracionismo de Cajal, convirtiéndose en el arquitecto de lo que él mismo ha bautizado en Salamanca como la “Neurorrevolución Cajalera”.

Su activismo no conoce fronteras geográficas ni institucionales. Le hemos visto en el Senado de España, durante las IV Jornadas sobre el papel geopolítico del país, argumentando con vehemencia que la ciencia no es un adorno cultural, sino una “estrategia de Estado”. Allí, ante los legisladores, defendió que la soberanía de una nación moderna reside en sus patentes y en su capacidad de retener talento, invocando la memoria de Cajal no como nostalgia, sino como hoja de ruta geopolítica.

Esa misma pasión la despliega anualmente en Salamanca, ciudad que, gracias a iniciativas como “Salamanca por Cajal y la Ciencia”, se ha convertido en un bastión de la memoria científica. Schuhmacher es un pilar de estos encuentros, donde su voz conecta la historia con el futuro, participando en diálogos que van desde la ética científica hasta la necesidad de llevar la figura del Nobel a las escuelas.

Su labor editorial es el cemento de esta construcción intelectual. Como editor de la obra capital “Santiago Ramón y Cajal. El hombre, el científico, el intelectual”** **y comisario de exposiciones históricas como la del 150 aniversario en la Universidad de Zaragoza, Schuhmacher ha garantizado que las nuevas generaciones no solo vean en Cajal a un señor con barba, sino a un titán del pensamiento crítico.

II. La Pluma como Bisturí: “Un Grito por el Museo Cajal”

Schuhmacher entiende, como lo hacía Don Santiago, que el científico tiene el deber moral de bajar a la arena pública. Su columna habitual en Heraldo de Aragón se ha convertido en un faro de divulgación en la prensa regional, donde traduce la complejidad molecular al lenguaje de la calle, humanizando la bata blanca y conectando el laboratorio con la sociedad civil.

Pero cuando la situación lo requiere, su pluma se afila. Es imposible olvidar su reciente intervención en El País, titulada Un grito por el Museo Cajal (31 de mayo de 2025). En ese manifiesto, firmado junto a figuras clave de la cultura y la ciencia, Schuhmacher denunció la parálisis burocrática y exigió dignidad para el legado del padre de la neurociencia. “Es frustrante”, escribía, señalando cómo la periferia (Salamanca, Zaragoza o León) se mueve con más agilidad que el centro para honrar a sus sabios. Ese artículo no fue solo opinión; fue un acto de política científica en defensa del patrimonio inmaterial de España.

III. Las “Balas Mágicas” de la Compasión: El Proyecto Amparo

¿Qué defiende hoy este nuevo Justicia de la ciencia en su laboratorio? Su campo de batalla es la oncología molecular y las rasopatías, enfermedades raras que golpean a los más vulnerables.

Desde el Instituto de Investigación Sanitaria Aragón (IIS Aragón), y bajo el paraguas de ARAID, su equipo diseña lo que él llama, recuperando el término de Paul Ehrlich, “balas mágicas”. Son nanoanticuerpos —invisibles al ojo desnudo pero letales para el tumor— que permiten realizar biopsias virtuales, iluminando el cáncer sin herir el cuerpo.

La ciencia de Schuhmacher tiene nombre propio. Su reciente éxito, el Proyecto Amparo, financiado con el Premio M. Chiara Giorgetti, busca desarrollar nuevas terapias para el cáncer de mama metastásico. El nombre no es casual: rinde homenaje a Amparo Magallón, paciente y activista cuya lucha inspiró al equipo. Y es que, como Schuhmacher repite a menudo citando a sus mentores: “Cualquier persona que viene al laboratorio en busca de salud es más importante que el más importante de mis experimentos”. En sus dedicatorias siempre presentes a Michel Vallés y Nacho Bon Romero, amigos que el cáncer se llevó, late el corazón del humanismo médico.

Igualmente es muy recomendable “Tú tan cáncer y yo tan virgo” escrito con Begoña Oro y traducido a muchos idiomas.

IV. La Conexión Británica y la Escuela del Futuro

La proyección de Schuhmacher trasciende nuestras fronteras, tejiendo lo que podríamos llamar una “Conexión Británica”. No solo por sus colaboraciones científicas con instituciones de la talla del Imperial College London —cruciales durante la pandemia—, sino por su empeño en universalizar a Cajal. Su comisariado en la exposición The British Connection: The Art and Legacy of Santiago Ramón y Cajal en Manchester es prueba de su visión diplomática: utilizar la ciencia española como carta de presentación ante el mundo. Igualmente con ECUSA, asociación de científicos españoles en USA, organizó un encuentro científico para celebrar el 125 aniversario del viaje de Cajal a los Estados Unidos.

El próximo 20 de diciembre, en la Real Capilla de Santa Isabel de Portugal, este cosmopolitismo científico se dará la mano con la raíz local. Junto a Schuhmacher, recibirá el Diploma de Reconocimiento el CEIP Ramiro Soláns. No es una coincidencia, es un mensaje. Premiar a un colegio público de un barrio humilde junto a un científico de élite valida la tesis central de Cajal: “Solo la Cultura hace libres a los pueblos”. Sin la escuela que despierta la curiosidad, no hay futuro científico.

V. Un Pacto de Futuro ante la Tumba de Lanuza

Cuando Alberto J. Schuhmacher reciba la medalla, tras la ofrenda floral en la Plaza de Aragón, se estará escenificando un rito de continuidad.

En 1591, Aragón defendía sus fueros con sangre. En 2025, Aragón defiende su futuro con neuronas.

Este galardón es un recordatorio: el patriotismo moderno no se mide en gritos, sino en presupuestos para I+D, en estabilidad para los investigadores y en respeto por el dato empírico. Schuhmacher encarna la posibilidad de un Aragón que no se resigna a ser periferia, sino que aspira a ser nodo central del conocimiento global.

¡Enhorabuena, Alberto! Tu medalla es hoy nuestra esperanza.

Portada del libro Santiago Ramón y Cajal. El hombre, el científico, el intelectual

Portada del libro "Tú tan cáncer y yo tan virgo" de Begoña Oro y Alberto J. Schuhmacher, mostrando un fondo azul con el título en letras amarillas y una pluma dibujada.Tú tan cáncer y yo tan virgo