1. Preludio Histórico: El Eco de Zaragoza (1885)

Corría el año 1885 y España temblaba ante el cólera. Un joven Santiago Ramón y Cajal, entonces catedrático en Valencia, recibió el encargo de la Diputación Provincial de Zaragoza de investigar la enfermedad que acababa de penetrar en España, coincidiendo con el nacimiento de su hijo Jorge (2 de julio). Llevó a cabo cuidadosos trabajos en la Torre de los Canales, en San Juan de Mozarrifar, a 7 km de Zaragoza capital, para enfrentarse al Vibrio cholerae. En medio de la polémica sobre la vacuna del doctor Jaime Ferrán, Cajal entendió algo fundamental que trascendía su época: la biología no es matemática pura; es una lucha de adaptaciones.

Cajal confirmó la existencia del bacilo coma (“microbio vírgula”), pero más allá de la morfología, intuyó que la salvación no residía solo en evitar la entrada del germen, sino en cómo el organismo, una vez “avisado” (vacunado), modulaba su respuesta ante la catástrofe. Ciento cuarenta años después, herederos intelectuales de aquella curiosidad indomable en la Icahn School of Medicine del Hospital Monte Sinaí de Nueva York, el ISCIII y en el CEU San Pablo han confirmado esa intuición cajaliana en el contexto de la gripe moderna.

Esta es la crónica de cómo la ciencia española ha ayudado a descifrar el mecanismo oculto por el cual una vacuna, a menudo imperfecta en bloquear al virus, se convierte en perfecta para salvar la vida.

2. La sinergia letal: cuando el Virus abre las puertas de la ciudadela

Para comprender la magnitud del hallazgo, debemos contemplar el escenario de la tragedia. La gripe (Influenza) rara vez mata sola. Como un general astuto, el virus debilita las murallas (el epitelio pulmonar) y adormece a los centinelas (los macrófagos), permitiendo que oportunistas como el Streptococcus pneumoniae (neumococo) entren sin control, provocando una superinfección bacteriana.

Históricamente, hemos juzgado a las vacunas antigripales bajo una premisa binaria: ¿Evitan la infección viral? Si el virus entra, asumimos el fracaso. Sin embargo, el estudio monumental de Juan García-Bernalt Diego y Javier Arranz-Herrero et al. (2025) y el metaanálisis clínico de Presa y Javier Arranz-Herrero et al. (2025) demuestran que estábamos haciendo la pregunta equivocada.

El verdadero triunfo de la vacuna (TIV) no es siempre la “inmunidad esterilizante” (la muralla impenetrable), sino promover una respuesta inmunitaria equilibrada (la estrategia defensiva inteligente).

3. La revelación celular: un nuevo actor en el Teatro de la Vida

El estudio preclínico liderado por Michael A. Schotsaert de la Escuela Icahn del Monte Sinaí ha arrojado luz sobre una coreografía celular que habría fascinado al propio Cajal por su complejidad y belleza. Al comparar las células de los pulmones de los ratones vacunados con los no vacunados en los dos contextos de coinfección o infección secuencial por influenza y neumococo los investigadores hallaron algo inesperado: la preservación del orden en medio del caos. La respuesta inmunitaria en el caso de los vacunados es capaz de controlar de una forma efectiva 3 cosas: reducir la replicación del virus, de la bacteria y moderar la inflamación para que esta sea efectiva.

3.1. El enigma de los neutrófilos Siglec-Fhi

En la histología clásica, el neutrófilo (muy abundantes, muy rápidos en actuar, y muy eficaces cuando el enemigo es débil y poco numeroso) puede causar de daño colateral (inflamación excesiva). Pero en el organismo vacunado, emerge una casta de élite: los neutrófilos Siglec-Fhi.

  • La Transformación: Tradicionalmente asociados a patologías como el cáncer o el asma, en el contexto de la vacunación, estos neutrófilos adquieren un rol heroico. Expresan marcadores híbridos (propios de eosinófilos y macrófagos) y poseen una capacidad bactericida potenciada.

  • La Disciplina: Los Siglec-Fhi pueden controlar el tipo y la potencia de la inflamación generada actuando con precisión quirúrgica. Eliminan la bacteria sin incendiar el pulmón. Es la diferencia entre un bombardeo indiscriminado y un equipo de élite.

3.2. Los eosinófilos: los arquitectos de la defensa

¿Quién entrena a estos soldados de élite? El estudio revela que la vacuna educa al sistema inmunitario para que agentes inesperados, como los eosinófilos sean involucrados en el proceso del control infeccioso. Los eosinófilos parece que juegan un papel por el cual la respuesta inmunitaria a la infección combinada es más efectiva y genera una inflamación no tan letal. Lejos de ser meros agentes de la alergia, podrían actuar como oficiales de campo, secretando señales (posiblemente IL-4 y GM-CSF).

3.3. La guardia inmortal: los macrófagos alveolares

La infección aguda por los virus de la gripe suele “borrar” a los macrófagos alveolares, residentes del alvéolo. La vacunación otorga a estas células una resistencia espartana.

4. Inmunidad entrenada: la memoria de la materia

Este concepto nos lleva a una frontera que Cajal apenas pudo vislumbrar: la epigenética. La vacuna TIV no solo genera linfocitos T de memoria y anticuerpos (memoria adaptativa); deja una huella física en la cromatina de las células inmunes innatas, principalmente células mieloides (precursores en la médula ósea).

Como demuestran las investigaciones paralelas del grupo de David Sancho en el CNIC, el sistema inmunitario innato “recuerda”. Al vacunarnos, entrenamos a nuestras defensas más primitivas para que la memoria de la inmunidad entrenada se traduzca en una apertura de la cromatina de ciertos genes asociados a la inflamación que facilite su expresión frente a un segundo estímulo inflamatorio. El problema de lo descrito puede ser precisamente que frente a dos infecciones secuenciales, la gripe induzca una inflamación que a los pocos días, si nos infectamos con la bacteria, induce una respuesta aun más potente (diferencia entre coinfección y superinfección), consecuencia de la inmunidad entrenada. La vacunación previene que esa respuesta sea tan agresiva mediante una regulación más controlada de este proceso.

5. La validación humana: 6.5 millones de vidas hablan

Si la histología nos da el “cómo”, la epidemiología nos da el “cuánto”. El metaanálisis de Jesús Presa, Javier Arranz-Herrero, Estanislao Nistal-Villán y colaboradores (2025), publicado en European Respiratory Review, es la validación clínica definitiva de estos mecanismos celulares.

Analizando datos de más de 6,5 millones de pacientes en 38 países, la conclusión es rotunda y conmovedora:

  • Reducción del 50% en mortalidad: Vacunarse reduce a la mitad el riesgo de morir, incluso si uno se contagia de gripe.

  • El desacoplamiento: Existe una disociación vital. Un anciano puede tener anticuerpos insuficientes para frenar la infección (el virus entra), pero su sistema inmunitario “modulado” y “entrenado” evitará que esa infección se convierta en una neumonía bacteriana terminal.

Tabla: El espectro de la protección (Datos 2025)

Nivel de defensaMecanismo biológicoResultado clínico****Prevención de infecciónAnticuerpos Neutralizantes (IgG, IgA)No hay enfermedad (Éxito tradicional).Modulación de enfermedadInmunidad Entrenada / Neutrófilos Siglec-FhiInfección leve, sin neumonía secundaria.Prevención de muerteResiliencia de Macrófagos / Control de sepsisSupervivencia (El verdadero éxito).

6. Epílogo: Los Tónicos de la Voluntad en el Siglo XXI

Al contemplar estos avances, volvemos inevitablemente a Don Santiago. En sus Reglas y Consejos sobre Investigación Científica, Cajal nos instaba a no venerar ciegamente la autoridad establecida y a buscar la verdad en los detalles más sutiles de la naturaleza.

Los equipos de investigadores de Michael A. Schotsaert, Nistal-Villán y Ochando han honrado este legado. No se conformaron con saber si la vacuna prevenía la gripe; miraron más allá, al tejido, a la célula, a la interacción invisible entre virus y bacteria.

Este descubrimiento no es solo un dato técnico; es una herramienta de gestión de la resistencia a los antibióticos (al prevenir la infección bacteriana secundaria, evitamos el uso de fármacos) y, sobre todo, un mensaje de esperanza. La vacuna de la gripe es más que un escudo; es un maestro que educa a nuestras células para que, en el momento de la verdad, sepan elegir la vida sobre la muerte.

Que sirva este texto como homenaje a la ciencia española, que desde la época del cólera hasta la era de la inmunología molecular, sigue iluminando los rincones oscuros de la patología con la antorcha de la razón y la perseverancia.

Referencias bibliográficas

Estudios sobre el microbio vírgula del cólera y las inoculaciones profilácticasDescarga